El futbol genera un “cóctel neurobiológico” que impacta a nivel del cerebro y corporal. También activa los sistemas de placer, alerta y pertenencia, dijo Víctor Rodríguez, de la UNAM.
¿Te ha pasado que gritas un gol como si estuvieras en la cancha, te pones de nervios en un penal o lloras al final del partido? No es exageración: tu cerebro vive el futbol como si fuera el protagonista.
En el contexto del Mundial, uno de los certámenes deportivos más importantes y emocionantes del planeta, millones experimentan una montaña rusa emocional. Y ello tiene una explicación científica.
De acuerdo con el profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM, el balompié activa un verdadero cóctel neurobiológico. “Nos impacta totalmente: a nivel cerebral, en el cuerpo, en la conducta y en las emociones”, aclaró.
Se activa el cerebro
A decir del neurofisiólogo, si tu equipo anota un tanto, el cerebro activa el llamado sistema de recompensa y libera sustancias como dopamina y endorfinas.
“Un sistema de neuronas que nos ayuda a sentir satisfacción o placer. Por eso, un gol no sólo se celebra: se siente”.
Pero el futbol es mucho más que alegría. Momentos tensos como un penal, una tarjeta roja o una jugada inesperada disparan mecanismos de alerta en el cerebro y elevan el cortisol como si se viviera un peligro real.
Diversos estudios científicos han confirmado que esta vivencia no es sólo percepción. Es una respuesta biológica medible. Investigaciones de la Universidad de Oxford han demostrado que los aficionados experimentan incrementos significativos en los niveles de cortisol durante los partidos. En especial si existe una fuerte identificación con el equipo.







