Los Empresarios: Nefasto mal necesario

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Ciudad de México, 2 de Junio 2016

Los Empresarios: Nefasto mal necesario

Controvertidos, frívolos, materialistas, deshumanizados, prepotentes, arrogantes, fríos, calculadores y demás etiquetas que les sienta a la perfección, este tipo de personajes en verdad asolan al planeta y a nuestro bolsillo y salud.

No conozco, a la fecha, un empresario en verdad bien intencionado, y que su afán por ayudar a la gente y a la ciudadanía, no vaya más allá de generar riqueza abundante de la manera más sencilla.

Tampoco conozco a uno de estos personajes que sea sencillo, congruente, humilde y conciliador. Por el contrario, directa o indirectamente, he sabido de esta pléyade de personajes sombríos (sino obscuros) que andan por todos los ámbitos sociales, viendo cómo hacer dinero y más dinero. Le pese a quien le pese, y afecte a quien afecte. Llámesele medio ambiente, economía de la nación o la salud de millones de personas en nuestra Ciudad de México.

Lo cual ofende e indigna, ya que las autoridades gubernamentales no únicamente solapan estas transacciones desleales y dañinas, sino que forman parte de la sustanciosa tajada obtenida por ellas.

Por ello mismo, y otra vez refiriéndonos al divertido y punzante libro “Viva México Cabrones”, del autor mexicano Alejandro Herrera Parra, es que les transcribimos un fragmento de este personaje quien, para el autor, es uno de los más nefastos que pululan por nuestras sociedades tercermundistas.

“LOS EMPRESARIOS

(Los siempre aborrecidos empresarios)

Cada ocasión que me refiero a estos siniestros, desalmados, hipócritas e insaciables personajes, siento un devaneo en la cabeza por la indignación que me producen. Recuerdo a la perfección que desde mis años remotos de la primaria y secundaría, yo no lograba entender, bien a bien, todas esas caricaturas y cartones que aparecían en ciertas revistas y periódicos, los cuales

trataban de retratar a este bizarro sector social; e invariablemente se los caracterizaban como cerdos, gorilas, perros rabiosos, monstruos deformes y amenazantes, entre otras caracterizaciones animalescas. Ahora, con el pasar de los años, de la experiencia adquirida en la vida, y el poder constatar las innumerables inmundicias que producen a diario y con las cuales se hacen multimillonarios, entiendo que estos cartonistas se quedaron demasiado “cortos” ante la descripción de estos obscuros y prepotentes personajes.

Y no se trata sólo de envida como muchos incautos imbéciles me comentan a grito pelado; a mí el dinero, en lo personal y desde que tengo uso de razón, siempre me ha resultado un simple elemento más de la vida y punto. De lo que se trata aquí, bien a bien, es de poder destacar el sinnúmero de engaños, extorsiones, chantajes, amenazas, fraudes, arreglos, contubernios; el conocer y constatar todos los males y enfermedades que generan con sus dañinos e inútiles productos comibles y bebibles, de los márgenes estratosféricos de ganancias que se aplican para su propio beneficio; de la falta absoluta de ética y responsabilidad ante los medicamentos que fabrican por millones; de las necesidades y dependencias absurdas y pueriles que generan a través de estúpidas campañas publicitarias; del flagrante robo en servicios de telefonía celular e Internet tipo “tiempo aire”, del costosísimo equipo que condicionan contratar-comprar; de las manipuladas y sombrías condiciones de los contratos que emiten, de las miles de promesas nunca cumplidas, de los colosales aumentos de tarifas y precios injustificados, entre cientos y cientos de conductas igualmente deplorables e indignantes.

Ahora bien, para poder definir a este espeluznante e insaciable personaje, tenemos que establecer un prototipo muy peculiar, ya que debido a esta incontrolable y desmedida vorágine de emprendedores, yuppies y empresarios, ya todos quieren ganar millones y más millones de pesos, haciendo todo lo que sea necesario.

Sí, absolutamente todo…”

Más allá del humor ácido y mordaz de Herrera Parra, es una realidad triste y nefasta, la incidencia omnipresente de estos personajes llamados empresario.

Por eso piensa muy bien lo que vas a comprar. Pregúntate si en realidad lo necesitas, y si cuentas con el dinero para adquirirlo.

Nunca olvides que menos, es más.

 

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