El informe FIFA’s Climate Blind Spot refiere que la edición de 2026 podría generar más de nueve millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente, una cifra superior a la de ediciones anteriores.
“Parte importante de estas emisiones está asociada a la logística global que rodea a la Copa del Mundo: viajes de selecciones, aficionados, patrocinadores, medios de comunicación y personal técnico. El tamaño del territorio que abarcará el Mundial amplifica el impacto del transporte: la distancia entre las ciudades sede en América del Norte implica que muchos desplazamientos se harán por vía aérea, lo que incrementa de forma notable la huella de carbono del evento”, comenta Estrada Porrúa.
El análisis climático del torneo no se limita únicamente a las emisiones directas generadas por el transporte o a la operación de los estadios. El informe internacional también señala que la exposición publicitaria global que genera un espectáculo de esta magnitud puede estimular el consumo de productos altamente emisores de carbono, como combustibles fósiles.
En este sentido, el especialista indica que los efectos pueden extenderse más allá de los partidos. “El Mundial tiene una exposición enorme: tres cuartas partes de la población del planeta están involucradas de alguna manera con el evento y eso influye en patrones de consumo, lo que significa que parte de su impacto ambiental proviene de las actividades económicas que se intensifican alrededor del espectáculo”.
Costos climáticos y desafíos para el deporte
Desde la perspectiva económica, cada tonelada adicional de dióxido de carbono emitida a la atmósfera genera impactos medibles sobre los sistemas naturales y sociales. Al respecto, Estrada explica que los economistas han desarrollado herramientas para ponderar estos efectos:
“Una tonelada adicional de CO2 en la atmósfera genera pérdidas de alrededor de 450 dólares en daños climáticos. Al considerar el volumen de emisiones potenciales asociado al evento, los impactos económicos derivados del calentamiento global pueden convertirse en un costo significativo que finalmente recae en la sociedad”, asevera.
El cambio climático también supone retos para las competiciones deportivas, pues en varias de las sedes del Mundial 2026 los partidos se disputarán en pleno verano, una época en la que las temperaturas pueden alcanzar niveles peligrosos para atletas y espectadores.
Además del calor del aire, los especialistas advierten sobre el aumento de la “temperatura de globo y bulbo húmedo”, indicador que mide el estrés térmico que experimenta el cuerpo durante la actividad física. “Si supera ciertos niveles, el riesgo de golpes de calor y problemas de salud se incrementan para todos, incluso para deportistas de alto rendimiento”.







