Coahuila debe convertir el flujo de capital en capacidades perdurables
El paquete de inversión anunciado para Coahuila, cercano a 45 mil millones de pesos en infraestructura y desarrollo de productos, y la expectativa de alrededor de seis mil empleos que inician operaciones en 2026, plantean una interrogante central para el tejido productivo regional: ¿se traducirán esos recursos en desarrollo sostenido o quedarán como un pulso temporal de actividad económica?
Para el empresario Salomón Issa Tafich, el foco no está en la cifra, sino en la calidad del impacto: “No se trata solo de atraer capital, sino de preguntarnos qué tipo de inversión queremos y qué legado productivo dejamos en el territorio. Si no hay encadenamientos locales, el impacto se diluye”.
Nearshoring como oportunidad condicionada por proveeduría local
El fenómeno del nearshoring ha reorientado las inversiones hacia zonas con manufactura instalada, conectividad logística y cercanía al mercado estadounidense. Coahuila figura entre los principales receptores de Inversión Extranjera Directa en la franja norte, impulsado por segmentos como el automotriz, metalmecánico, electrodomésticos, logística y manufactura avanzada.
Esa posición privilegiada, advierte Issa Tafich, exige una reflexión sobre el tipo de proyectos que se busca atraer y sobre políticas públicas que promuevan los encadenamientos productivos y la transferencia de tecnología.
Fortaleza laboral actual y el reto de agregar valor
Los datos del Instituto Mexicano del Seguro Social que muestran una alta concentración de empleo formal en manufactura confirman que Coahuila dispone de una masa crítica de trabajadores capaz de integrarse a nuevas cadenas industriales.
Esa base brinda una ventaja competitiva, pero no garantiza, por sí sola, que la inversión genere valor agregado local. Issa Tafich enfatiza la necesidad de convertir la capacidad industrial en una plataforma de innovación y proveeduría:
“La fortaleza industrial existe; ahora hay que convertirla en una plataforma de valor agregado, innovación y proveeduría local”.
El empresariado lagunero y las autoridades deben desplazar la agenda de la mera atracción de proyectos hacia la consolidación productiva: la infraestructura logística adecuada, la capacitación técnica orientada a las demandas industriales y el financiamiento accesible para pequeñas y medianas empresas son piezas esenciales.
Como concluye Salomón Issa Tafich, “Las inversiones que llegan hoy deben convertirse en capacidades que permanecerán mañana. Ese es el verdadero indicador de éxito para la economía regional”.
La reconfiguración industrial de Norteamérica abre una ventana estratégica para Coahuila; capitalizarla exige visión a largo plazo, coordinación público-privada y políticas que garanticen empleo formal de calidad y un tejido industrial con mayor contenido regional.
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