Subir al cráter del Popocatépetl sigue siendo una apuesta contra la vida

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Subir al cráter del Popocatépetl sigue siendo una apuesta contra la vida

A 30 años de la muerte de cinco alpinistas en el Popocatépetl, ocurrida tras una explosión del volcán el 30 de abril de 1996, especialistas advierten que el riesgo de ascender al cráter sigue vigente y que la práctica, lejos de representar una hazaña, implica una exposición directa a material incandescente, fragmentos balísticos, caída de rocas y condiciones extremas de alta montaña.

El caso permanece como una de las tragedias más recordadas en la historia reciente del volcán. De acuerdo con la nota publicada por La Jornada, el 3 de mayo de 1996, los cuerpos de Salustia García, César Romero Juárez, José María Ontiveros, Eduardo Ortiz Flores y José Guadalupe Mandujano Hernández fueron localizados en el paraje Media Naranja, en Amecameca, luego de haber sido reportados como desaparecidos tras ascender al Popocatépetl.

Peligro

Los cinco pertenecían a la Escuela Mexicana de Alpinismo y habían subido al coloso pese al incremento de la actividad volcánica. Su ascenso, además, no fue ajeno al interés mediático que en aquellos años despertaba la reactivación de Don Goyo. De acuerdo con la reconstrucción de los hechos, los alpinistas buscaban obtener imágenes del cráter y de la actividad volcánica, material que habrían comprometido con el periodista Jacobo Zabludovsky, a la sazón, conductor del noticiario estelar de Televisa. Uno de ellos ya había captado previamente la expulsión de ceniza del volcán, imágenes que fueron transmitidas en el noticiario 24 Horas, lo que habría motivado una nueva expedición.

En entrevista con La Jornada de Oriente, la doctora Ana Lillian Martin del Pozzo, investigadora del Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México y profesora de la Facultad de Ciencias, recordó que el grupo ascendió en un momento en que la actividad del volcán ya había aumentado y cuando los especialistas habían advertido sobre el peligro de subir a la zona alta.

Fuente:  La Jornada

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