Diseño estratégico: redefinir función y contexto
La gestión de Alfredo Gadsden al frente de Grupo Escato articula una lectura del mobiliario que supera la mera producción: cada pieza es resultado de una estrategia que cruza diseño, uso y contexto.
“Nuestra intención es que cada pieza cumpla una función clara, pero también establezca una relación con su entorno y refleje una forma contemporánea de entender el diseño en México”, declaró Alfredo Gadsden.
Esa intención obliga a revisar procesos creativos —desde el boceto hasta la logística— y a asumir que el diseño es, ahora, un vector de competitividad internacional.
Innovación tecnológica y materiales: una manufactura contemporánea
En el núcleo de la transformación está la adopción de tecnologías de precisión y la experimentación con materiales que combinan tradición y rendimiento: maderas tratadas, metales de alta resistencia y polímeros que amplían la vida útil de las piezas.
Escato ha llevado a equipos multidisciplinares a trabajar en sinergia, donde ingenieros y diseñadores calibran tolerancias, ensamblajes y acabados para responder a demandas actuales.
El resultado es una manufactura que preserva rasgos identitarios del mobiliario mexicano, pero que se produce bajo parámetros de eficiencia y control que facilitan la exportación y la escalabilidad.
El Sello Hecho en México como instrumento de confianza
La certificación Hecho en México obtenida recientemente no se interpreta solo como un registro de origen, sino como un aval de procesos y estándares.
“Refleja la capacidad de la industria mexicana para competir con estándares internacionales de diseño y calidad”, explicó Alfredo Gadsden.
Ese reconocimiento habilita a Escato para posicionarse en mercados donde la trazabilidad, la certificación y la coherencia entre diseño y producción deciden compras institucionales y proyectos de gran escala.
Proyección y riesgos: consolidar sin diluir identidad
La estrategia vigente busca combinar estética, funcionalidad y procesos estandarizados para consolidar presencia tanto en el mercado nacional como en el exterior.
El desafío será sostener la innovación sin sacrificar la identidad: escalar la producción manteniendo la calidad y la narrativa de diseño que hoy legitima al Sello Hecho en México como sinónimo de competitividad y visión a largo plazo.
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