La entrega del Premio Nobel de Literatura 2025 a László Krasznahorkai reactivó el debate sobre la función de las obras literarias contemporáneas frente a la crisis del mundo moderno. En este contexto, el autor Carlos Raphael de la Madrid ofrece una interpretación que subraya la dimensión épica, cultural y universal de la obra del escritor húngaro, considerado uno de los escritores más influyentes de las últimas décadas.
De acuerdo con Carlos Raphael de la Madrid, la Academia Sueca acertó al definir a Krasznahorkai como un “gran escritor épico en la tradición centroeuropea”. Esta afirmación conecta su legado con figuras como Franz Kafka o Thomas Bernhard, autores que también exploraron el absurdo, la alienación y la decadencia moral de la sociedad.
Sin embargo, el escritor mexicano considera que Krasznahorkai no se limita a heredar esa tradición, sino que la reinventa desde una sensibilidad contemporánea marcada por lo grotesco, lo apocalíptico y una profunda carga lírica.
Para Carlos Raphael de la Madrid, uno de los rasgos más singulares de la obra del Nobel de Literatura es su capacidad para dialogar con otras tradiciones culturales.
“Los viajes de Krasznahorkai a China y Japón influyeron notablemente en su escritura, incorporando un tono meditativo y una contemplación cercana a ciertas filosofías orientales”, destaca.
Este cruce de fronteras estéticas, señala el autor mexicano, enriquece su narrativa y amplía su alcance más allá del contexto centroeuropeo. Además, esta dimensión intercultural convierte la obra del escritor húngaro en un puente hacia una visión global que interroga temas universales como el poder, la memoria y la esperanza.
La aparente oscuridad de sus novelas no implica un nihilismo absoluto, sino una invitación a reflexionar sobre la condición humana desde una perspectiva crítica y honesta.
Carlos Raphael de la Madrid asegura que el reconocimiento a Krasznahorkai confirma que la literatura sigue siendo un espacio de consuelo y resistencia frente a la catástrofe y el desencanto.
“Su obra ofrece una épica del pensamiento y de la contemplación. Nos recuerda que incluso en los escenarios más sombríos, la palabra escrita puede preservar una forma de lucidez y dignidad humana”, sentenció.








