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“La competitividad de Norteamérica no puede seguir construyéndose sobre salarios de miseria, el fortalecimiento del ingreso de los trabajadores mexicanos es un factor determinante para consolidar una región más próspera, segura y económicamente integrada”, sostuvo Alejandro Martínez Araiza, secretario general nacional del Sindicato Nacional Alimenticio y del Comercio (SNAC).
Lo anterior, tras sostener reuniones con funcionarios del Departamento del Trabajo y congresistas del Comité de Medios y Arbitrios (Ways and Means) de la Cámara de Representantes, en Washington, D.C.
El dirigente afirmó que el futuro del bloque depende de reconocer el bienestar de los trabajadores como una responsabilidad compartida entre los tres países, ya que una economía regional sólida requiere consumidores con mayor capacidad adquisitiva, mercados internos fortalecidos y cadenas productivas más equilibradas.
«Cuando al trabajador mexicano le va bien, al estadounidense le va mejor, y viceversa», expresó, al exponer que la estabilidad económica, comercial y social de Norteamérica comienza con empleos dignos y salarios suficientes para que las familias puedan desarrollarse sin verse obligadas a migrar. Un salario digno, añadió, trasciende el ámbito laboral: reduce la vulnerabilidad frente a la delincuencia y sostiene la cohesión social.
El secretario general del SNAC recordó que esa visión no es nueva y citó el ejemplo del empresario estadounidense Henry Ford, quien revolucionó la industria al incrementar el salario de sus trabajadores para que ellos mismos pudieran comprar los automóviles que fabricaban.
«Ford entendió que pagar mejor no era un costo, sino una inversión para fortalecer el mercado. Hoy Norteamérica enfrenta un desafío similar. Los mexicanos producen de todo y no pueden comprarse casi nada», apuntó.
México, advirtió el dirigente, mantiene una economía altamente productiva mientras millones de sus trabajadores siguen viviendo con ingresos insuficientes, lo que limita el consumo, la inversión y el crecimiento del mercado interno, y deja incompleto el círculo económico que impulsa el desarrollo regional.
Por ello llamó a que la revisión del T-MEC incorpore mecanismos de convergencia gradual hacia mejores condiciones laborales y un salario base sólido en toda la región, de 7.25 dólares por hora con 56 horas de pago a la semana, para dejar atrás el modelo de competencia sustentado en mano de obra barata.
El comercio justo, concluyó, solo se consolida cuando el crecimiento económico se traduce en bienestar para quienes generan la riqueza.
«La competitividad no puede construirse sobre la miseria de quien produce. Dignificar el trabajo significa fortalecer a las familias, impulsar el consumo y hacer de Norteamérica el bloque económico más seguro y poderoso del mundo», remató Alejandro Martínez Araiza.
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