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Hasta los hispanos lloraron al Amo Torres: fue ahorcado y descuartizado

Ciudad de México, 1º Jul.- Detenido “El Amo Torres», siguió el proceso. El 12 de mayo se leyó la sentencia que le condenaba a morir en la horca: sería descuartizado. Su juez fue el Dr. Francisco Antonio de Velasco, presidente de la de seguridad.

La ejecución sería inmediata, pero lograron retardarla los iberos de Guadalajara, quienes debían a Torres su salvación en los días de los bárbaros asesinatos.

José de la Cruz, se mantuvo firme ante las señoras e hijos de los españoles que de rodillas, pedían conmutara la pena de muerte. En la mañana del 22, Torres fue puesto en capilla, e intervino la guardia porque la multitud, europea, quería despedirse de él.

El Amo Torres habló: “Solo un beneficio pido a ustedes. ¿Cuál? “¡Una obra de caridad!”, Dígala; “Cuando fui aprehendido, se apartó de mí mi hijo: es un pobre demente a quien privó de la razón su amor a los españoles: No sé lo que ha sido de él, buscadle y si le halláis tened con él caridad”.

Recibió muchos juramentos de que su voluntad sería acatada; pero un comerciante español de apellido Martínez se abrió paso y le dijo: “Sr. Torres, Dios envía a usted un nuevo dolor y a la vez un consuelo que solo podemos apreciar los padres de hijos desventurados”.

Torres comprendió y palideció de dolor: “Mi hijo ha muerto, ¿verdad? Ante el hombre asintió, el Amo dijo al sacerdote que le prestaba los últimos auxilios: “¡Dígame padre, qué Dios será conmigo misericordioso con mi dolor terrible; que perdonará mis faltas y me reunirá con mi hijo!”. El sacerdote abrió los brazos y los presentes se postraron de rodillas y oraron en voz alta por el que iba a morir.

La mañana de 23 de Mayo, en mitad de la plaza Venegas, se alzaba una horca, construida para que desde todos los puntos se presenciara la ejecución; ésta fue llevada a cabo sin compasión por parte de las autoridades.

El caso era extraordinario. Era la primera vez que al pie del cadalso de un insurgente los españoles lloraban. Después el cuerpo fue descendido, y partido en cinco trozos, la, cabeza se colocó en un palo elevado en la plaza con el rótulo: “José Antonio Torres, “Traidor al Rey y a la Patria”, cabecilla Rebelde e Invasor de esta Capital” por 40 días, uno de los cuartos en el pueblo de Zacoalco (ahora de Torres, Jalisco), otro en la garita de Mexicalcingo por la cual entró Torres, los dos restantes en las del Carmen y barrio de San Pablo.

La casa de Torres en San Pedro de Piedra Gorda, Guanajuato, fue arrasada y sembrada de sal su superficie. Cuarenta días después de la ejecución, los mutilados restos fueron quemados públicamente. Del libro: Episodios Históricos Mexicanos de Enrique de Olavarria y Ferrari.

ReporteDMX

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