Sacred Realism (comunidad de compositores, improvisadores y pensadores con sede en Berlín) pertenece al segundo tipo, y este sábado 8 de agosto hace su primera aparición en México, en el Foro Alicia Urreta de Casa del Lago UNAM.
El colectivo de compositores e improvisadores, con sede en Berlín, ha construido durante 15 años una red internacional de músicos unidos por la colaboración y la experimentación sonora.
“Queríamos empezar algo independiente dentro de la larga tradición de artistas que toman el control de lo que quieren hacer y cómo quieren hacerlo”, contó Bryan Eubanks, saxofonista y músico electrónico que en 2011 fundó el proyecto junto con la compositora Catherine Lamb y el contrabajista Andrew Lafkas.
Si querían publicar algo, no tenían que pedirle permiso a nadie. Fue, admitió Eubanks, apenas un primer paso para sostener el trabajo de los tres, que con el tiempo sumó a Xavier López y Rebecca Lane, y de manera extraoficial, a decenas de artistas satélite que privilegian el proceso sobre el género.
Catherine Lamb (Olympia, Washington, 1982), compositora y violista, estudió en el California Institute of the Arts con James Tenney y Michael Pisaro tras un acercamiento previo a la música clásica hindustaní, que orientó su trabajo posterior en la entonación justa; en 2020 recibió el Premio de Composición Ernst von Siemens. Bryan Eubanks, saxofonista y músico electrónico activo desde 1999, trabaja entre la improvisación, la composición para conjuntos y electrónica, y la construcción de sus propios instrumentos. Ambos radican en Berlín.
Lo que amarra a este enjambre no es una estética. Lamb lo explicó: no fue “una alineación estética” lo que los unió, sino una forma compartida de hacer música, una manera de relacionarse con el tiempo y la energía. Ni siquiera la escena es una sola: no se trata sólo de quienes aparecen en el sitio web, sino de comunidades resonantes repartidas por el mundo. Hay algo debajo de todo eso difícil de nombrar: “una resonancia, tal vez, algo más humano”, insistió.
Ese vínculo tardó en tener un nombre: Eubanks confesó que durante buena parte de estos 15 años se resistió a que llamaran “colectivo” a lo que hacían, hasta reconocer que, después de tres lustros, seguían apoyándose unos a otros.







