Categories: Opinión

Algo de lo que viví… #FuerzaMéxico

Margarita Zavala

@Mzavalagc

Ciudad de México, 25 Septiembre.- Para quienes vivimos el de 85 —recuerdo que la tarea que hicimos algunos jóvenes voluntarios fue la de amortajar cadáveres en el estadio de beisbol—, lo del martes no era nuevo. Tal vez por la intensidad del movimiento, intuímos que este temblor tendría consecuencias muy severas. Las redes lo corroboraron: había que salir a ayudar de inmediato.

Mi oficina está cerca del edificio que se cayó en la calle de Escocia. Fue al primer lugar al que llegamos. En minutos pudimos llegar con agua y con algunos materiales de curación. Desde las primeras horas tuvimos la enorme oportunidad de ayudar y colaborar con mujeres que organizaban ya comida para los voluntarios.

Es cierto que hay historias que nos llenan de rabia y miles de jóvenes que se quedaron con la frustración de no poder ayudar. Pero hoy comparto historias que son conmovedoras. Cambio los nombres para respetar la privacidad de las personas.

Un joven se acerca con su suegro, Don Gerardo, para preguntarme si su hija estaba viva. Quienes estaban al mando me dijeron que la información la estaban dando en un verificentro. Dimos una larga vuelta a la cuadra, al paso cansino del padre, y vimos la gran cantidad de gente ayudando. Don Gerardo exclamó: “¡Ese es mi México, así de solidario! ¡Qué hermoso, sólo me falta mi hija!”. En medio de su angustia, de su dolor, de la tragedia, este hombre que se acordaba del terremoto del 85 hacía referencia a lo mejor de México: su gente. Mientras esperábamos, un joven se acercó para dejarle un folleto de la Biblia y le dijo que la Fe también ayudaba. Pasaron muchas horas de angustia, hasta que les dijeron que habían rescatado a su hija. Pude visitarla en el hospital y ella quería agradecerle a Dolores, quien además de hacer.

Instalamos un pequeño centro de acopio que recibía y enviaba solidaridad y amor a través de la ayuda. Hay muchas más historias extraordinarias: familias que se unieron para llevar cosas, otras hicieron un centro de acopio aunque sus abuelos habían perdido la casa; también fueron papá e hija que llevaron víveres a comunidades y municipios de Puebla y Morelos.

En ese momento no había diferencias políticas que se interpusieran a las ganas de ayudar. Todos éramos mexicanos. Espero que ese espíritu sea duradero.

Uno debe replantearse cómo caminar a lado de nuestro gran pueblo. Se trata de levantarnos, pero ¿cómo? Sin duda, como ocurrió en 1985, este nuevo 19 de septiembre nos ofrece una nueva oportunidad de transformar para bien a nuestro país.

POR CIERTO: los jefes de partidos dieron un espectáculo mediático para ver quién “donaba” más, como si el dinero fuera suyo y no de la gente. Proponen una iniciativa que les permite usar el dinero hasta que se apruebe (si es que se aprueba) y no queda claro si está condicionada a otros recortes. No hay tiempo que perder. Desde ahora y en el presupuesto para 2018 pueden reasignar todo mientras se discuten las iniciativas de ley.

Columna publicada originalmente por El Universal 

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