En un país donde más del 40% del territorio enfrenta riesgos sísmicos y climáticos, la arquitectura regenerativa se presenta como una alternativa indispensable. Así lo sostiene Ernesto Mizrahi, especialista en urbanismo y sustentabilidad, quien propone un modelo de vivienda que no solo atienda la emergencia, sino que también regenere la vida comunitaria y preserve la identidad cultural.
“En contextos de desastre, la arquitectura no debe limitarse a ofrecer refugio; debe ser una herramienta para reconstruir el tejido social y devolver dignidad a quienes lo han perdido todo”, afirmó Mizrahi, subrayando la necesidad de superar la visión de los refugios temporales que históricamente han resultado insuficientes.
Para Ernesto Mizrahi, diseñar en contextos de emergencia no significa únicamente construir rápido y barato, sino planear con estrategia a largo plazo. Su enfoque considera el clima local, las tradiciones constructivas y la capacidad de autogestión de las comunidades.
La experiencia reciente en México respalda esta visión. Tras el terremoto de 2017, que dejó más de 250 mil viviendas dañadas, muchas de las soluciones ofrecidas fueron casas estandarizadas, desconectadas del entorno y de la cultura de las personas afectadas. En contraste, proyectos con enfoque regenerativo en la Mixteca oaxaqueña y en las sierras de Puebla han demostrado que es posible construir viviendas más resistentes, sostenibles y con un impacto positivo en la vida diaria.
“Si no se construye con visión regenerativa, el riesgo se repite”, advierte Mizrahi, recordando que cada proyecto de vivienda es también una oportunidad de justicia social.
Inspirado por referentes internacionales como Shigeru Ban, Mizrahi recalca que el papel del arquitecto en emergencias debe trascender el diseño estructural. La arquitectura regenerativa implica trabajar de la mano con sociólogos, ecólogos, antropólogos y, sobre todo, con las propias comunidades.
En su visión, una casa regenerativa no solo protege frente a sismos o huracanes, sino que también aporta seguridad emocional, sentido de pertenencia y sostenibilidad ambiental. Este enfoque puede aplicarse tanto a desastres naturales como a situaciones provocadas por la acción humana, como el desplazamiento forzado por megaproyectos o minería.
“Se trata de crear entornos habitables que dialoguen con la cultura y el medio ambiente. Una vivienda regenerativa es, en esencia, un acto de dignidad y justicia social”, concluye Ernesto Mizrahi.
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