Ciudad de México, 15 Nov.- Aunque su declaración tiene doble connotación, a lo que en realidad se refirió Andrés Manuel López Obrador (AMLO), en su texto publicado en el diario Reforma, es que de perder (nuevamente) las elecciones a la presidencia en 2018, se retirará de la vida política pública para vivir en su quinta «La Chingada».
«Si el pueblo de México se manifiesta en 2018 por un cambio de fondo y me da su confianza, vendría a la quinta como ahora, de vez en cuando; pero si la mayoría de la gente dice que no me quiere gobernando o los de la mafia del poder nos lo impiden, entonces sí me iría literalmente a La Chingada. Es mi plan B: refugiarme en este lugar maravilloso”.
El dirigente de MORENA, que también compartió el texto íntegro en su cuenta de Facebook, habló de manera poética sobre el rancho que hace unos meses le valió críticas a nivel internacional, y adelantó que si no llega a la silla presidencial, se dedicaría a leer, escribir y dar clases.
Asimismo aprovechó para aclarar la situación de su testamento, y reiteró que él no cuenta con ningún bien material, ni cuentas en el banco ni tarjetas de crédito.
También esclareció la situación del rancho en el que se refugiaría luego del proceso electoral de 2018, que de acuerdo con sus palabras, todo estaría dividido entre sus cuatro hijos.
“A Jesús le toca la casa y 4 mil metros cuadrados; a José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo Alfonso, una superficie de 2 mil 500 metros cuadrados a cada uno. Cuando les informé a mis hijos grandes que al Jueche le quedaría la casa de sus abuelos, porque no había recibido nada, ninguno se disgustó, son buenos de verdad”.
El exjefe de gobierno, remató su texto asegurando que una derrota más, sería motivo suficiente para «no volver nunca más a ser candidato de nada». ¿Le creemos?
Aquí el último párrafo de su sentido texto:
«En fin, si desgraciadamente nos va mal en el 18, seguiré sembrando plantas e ideas hasta que fallezca, pero no volvería nunca más a ser candidato a nada. Diría: quise ser como Juárez, Madero y Lázaro Cárdenas, y no pude o no supe hacerlo. Mientras viva, no dejaré de luchar por la justicia y por la auténtica democracia, pero me retiraré del protagonismo político para así, con humildad y arrogancia, al mismo tiempo, poder decir a mis adversarios y a quien quiera oírlo, «ya ven, no soy un ambicioso vulgar». Sólo me importa estar bien conmigo mismo, con mi conciencia, con el prójimo, con la nación y con la historia.»
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