En el capítulo de Paola Durante en la serie ¿Quién lo mató?, que habla del asesinato de Paco Stanley, aparece Sara Aldrete, conocida como la ‘Narcosatánica’.
Según la serie, esta mujer es una persona ‘clave’ en el tiempo que la exedecán estuvo encarcelada.
Ella formó parte de uno de los casos policiacos más sonados en México. Además del tráfico de drogas, se mezcló la santería con varios asesinatos a finales de la década de 1980. Se trató de un grupo delictivo llamado Los Narcosatánicos, con el cual la relacionaron directamente.
Es una mujer originaria de Matamoros, Tamaulipas. Antes de relacionarla con actividades ilícitas estudió para ser profesora de Educación Física en la Universidad de Texas Southmost. También cursó la carrera de Antropología Social en Estados Unidos.
Hizo una tarea de religiones y se interesó en la santería, pero no encontró información al respecto. Como consecuencia buscó a algún practicante y así conoció a Adolfo de Jesús Constanzo.
Sara Aldrete contactó a Constanzo, también apodado como ‘El Brujo’ porque era el líder de una secta que practicaba la santería, el ritual guerrero azteca, y Palo Mayombe, mismos que el hombre aprendió de su madre, en Puerto Rico.
“En 1987 conocí a Constanzo, a mis 22 años (…) me empecé a topar con muchos tabúes de la santería (…) Me dijo que era brujo y que conocía del palo mayombe, me enganchó. Ahí me quedé y un año después ya era mi padrino”, explicó Aldrete.
Un año después, ‘El Brujo’ ya era un líder traficante de drogas en Matamoros, y ella fue bautizada como ‘La Madrina’, a pesar de que Constanzo se convirtió en su padrino dentro del culto.
En una entrevista con Saskia Niño de Rivera, la llamada ‘Narcosatánica’ contó que desapareció un joven estadounidense llamado Mark Kilroy en Matamoros, quien fue secuestrado y torturado por ‘Los Narcosatánicos’ para sus sacrificios humanos, por lo que la policía inició su búsqueda con retenes en la carretera.
En 1990, Aldrete fue declarada culpable por 13 homicidios relacionados con sacrificios humanos, así como de los delitos de daños contra la salud, asociación delictuosa, inhumación y profanación de cadáveres.
Inicialmente, recibió una sentencia de 62 años de prisión, pero en octubre de 1995 modificaron su condena a 50 años, misma que está cumpliendo en el Penal de Tepepan, al sur de la Ciudad de México.
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