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Hallan secretos del arte lapidario en el Templo Mayor

Emiliano Ricardo Melgar Tísoc documentó y analizó cerca de 10,000 objetos de lapidaria, revisados con microscopía electrónica de barrido en el Templo Mayor.

A partir de lo cual descubrió “que si bien los mexicas obtenían reliquias y materiales foráneos, también crearon un gran número de objetos que están inspirados en esas culturas”.

También revela la ubicación geográfica de los materiales utilizados por los artesanos toltecatl o lapidarios mexicas, como la obsidiana proveniente de la sierra de las Navajas, en Pachuca, cuyo yacimiento monopolizaron.

La mayoría de los objetos imperiales del Templo Mayor fue elaborada con obsidiana de la sierra de las Navajas, aunque también tenemos obsidiana de colores gris y café rojiza de Otumba y muy poquita del Pico de Orizaba”, explica Melgar Tísoc.

Los mexicas también elaboraron piezas con travertino —mal llamado alabastro— que provenía del yacimiento de Tecali, Puebla, y de otras fuentes ubicadas en la mixteca poblana.

También tenemos la jadeíta que —hasta que no se demuestre lo contrario, los únicos yacimientos de este mineral metamórfico de color verde con distintas tonalidades metálicas— vino del valle del Motagua, en Guatemala.

Mientras que las piezas de turquesa coincidieron, a nivel químico, con materiales de Sonora, Arizona y Nuevo México, en Estados Unidos. “Y aquí lo interesante para mí es que tanto la jadeíta como la turquesa son dos materiales que estuvieron fuera del dominio territorial mexica”, expone el experto.

Más hallazgos

Otro de los hallazgos de esta investigación —que puede consultarse en el libro La lapidaria del Templo Mayor, estilos y tradiciones tecnológicas, publicado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)— es que el trabajo de piedras preciosas y semipreciosas era supervisado por el Estado mexica.

Una creencia popular es que los mexicas, los tenochcas, no crearon casi nada por sí mismos, sino que todo lo copiaban, lo emulaban o se inspiran, y que ellos no tuvieron ningún aporte cultural en la historia mesoamericana.

Pero resulta que detecté un gran número de objetos que son de una tecnología muy particular en obsidiana, travertino, turquesa y serpentina, donde lo que estamos viendo es que son insignias o emblemas de sus divinidades, como Huitzilopochtli y Tláloc, que no existen en ningún otro sitio de la cuenca de México y que no se parecen ni siquiera a su ciudad gemela, Tlaltelolco, ni a su principal aliado, que es Texcoco”, señala.

¿Qué implicaciones tiene ese tipo de producción? “Que esas producciones fueron hechas en Tenochtitlan y, además, fueron supervisadas por sacerdotes o un grupo particular para que cumplieran con los cánones del estilo que he llamado Estilo Imperial Tenochca”.

EDITORIAL

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