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El Mictlán no es para todos: hay nueve niveles

Según los antiguos nahuas el Mictlán es la morada final de los difuntos antes de lograr trascender a su forma cósmica. Sin embargo, el inframundo prehispánico no es para todos los difuntos.

De acuerdo con la historia, el hogar del dios Mictlantecuhtli y la diosa Mictecacíhuatl está dividido en nueve niveles.

Dentro de la cosmovisión prehispánica, la muerte no significa el final de la vida, al contrario, representa la desagregación y dispersión de los componentes del ser humano, esto relacionado a su creencia acerca del cosmos.

Para los antiguos nahuas, el hombre estaba conformado por materia pesada alojada en sus órganos vitales, donde existían identidades anímicas invisibles y ligeras. La primera de ellas ‘Teyolia’ contenía la esencia humana.

Y se alojaba en el corazón, la segunda era el ‘Tonalli’ que poseía la individualidad y el destino personal, representado por la cabeza, el tercero ‘Ihiyotl’ considerado la guía de las pasiones, se asociaba con el hígado.

Caminos

Bajo los principios de trascender después de la muerte, los nahuas crearon cuatro destinos al término de la vida. Con base en la forma de muerte, era el lugar correspondiente para continuar el camino: el Chichihualcuah, el Tlalocan, el Tonatiuh y el Mictlán.

Los cuatro escenarios finales para los nahuas estaban ligados a la manera de morir, para los nonatos se les recibía en el Chichihualcuahco, donde eran alimentados por un árbol nodriza hasta que se les otorgara la segunda oportunidad de vida.

 

Para aquellos desafortunados que perdieron la vida de manera ligada al agua, su destino era el llamado “paraíso terrenal” o Tlalocan donde residía el dios Tláloc.

Los guerreros caídos en batalla, las mujeres que murieron en el parto, los comerciantes fallecidos en expediciones y quienes fueron sacrificados en nombre del dios del Sol, continuaban el camino en el Tonatiuhichan.

Por último, el Mictlán es la parada para aquellos que morían de manera natural o común.

Pero no todos tenían la oportunidad de atravesar las «pruebas». Y es que el inframundo prehispánico está dividido en nueve niveles, relacionados con la putrefacción, lo fétido, frío, húmedo, acuoso, oscuridad y la noche.

 

EDITORIAL

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