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Con fraude en tiempos compartidos financian al CJNG

Para financiar la nómina de los altos mandos del cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) recurren al esquema de fraudes a través de la compra y venta de tiempos compartidos en la que participan empresas vinculadas con esa organización criminal.

Eduardo Pardo Espino, es una de las figuras centrales en este esquema. Encabeza una red de casi una veintena de empresas y otros seis operadores —entre ellos sus hombres de confianza: Brayan Moisés Luquin Rodríguez y Horacio Edmundo Lelo de Larrea Ventimilla— dedicada a defraudar.

De acuerdo con la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), Pardo también es señalado por tráfico de metanfetamina y fue designado por el gobierno estadunidense como traficante de drogas este 2023.

Pardo quedó en la mira de las autoridades estadunidenses, quienes además han identificado que son al menos tres mandos del cártel quienes reciben el pago de sus servicios a través de la red de empresas.

“Con esas compañías se hacían pagos directos a miembros del cártel (…) de alto rango”, dijo un funcionario de la Oficina para el Control del Bienes Extranjeros del gobierno estadunidense.

Rastrean el dinero

Una de las líneas de investigación que sigue la fiscalía jalisciense es la relación entre el CJNG y el call center de donde desaparecieron siete personas el 20 de mayo, en Zapopan, Jalisco.

Las cabezas de la organización y principales beneficiarios del esquema son Julio César Montero Pinzón, El Tarjetas; Carlos Andrés Rivera Varela, La Firma; y Francisco Javier Gudiño Haro, La Gallina.

Se trata de narcotraficantes y líderes del CJNG designados por las propias autoridades de Estados Unidos en abril de 2021, y quienes operan desde Puerto Vallarta.

“Hay un control directo de los miembros del cártel sobre las redes específicas”, por lo que las autoridades han comenzado a “rastrear el dinero en reversa, desde el chico malo hacia sus empresas y después hacia cómo consiguieron el dinero”.

Fraude a través del Call Center

Por la investigación se estableció que la primera parte del trabajo fraudulento lo hacían los linieros: trabajadores del call center que se hacían responsables de comprar o vender los tiempos compartidos de ciertas cadenas hoteleras.

Los linieros se comunicaban con clientes extranjeros de listas que obtenían para convencerlos de que compraran los tiempos compartidos, o en su defecto, vendieran los suyos. Luego entraban en la jugada los cerradores: quienes cerraban la compra o venta de los tiempos compartidos, según la OFAC.

Fuente: Milenio

EDITORIAL

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