Despertar México

Luis Arellano: Mundos paralelos

Con información original de Excélsior

Ciudad de México, 01 Febrero. Luis Arellano Delgado

Abundan las creencias religiosas sustentadas sobre seres y atmósferas imaginadas. Las vírgenes y santos, demonios o ángeles pesan en el imaginario colectivo no por reales sino porque fueron dogmatizadas.

Lo mismo sucede con las leyendas de culturas milenarias que hacen referencia a faunas indescriptibles, así como los testimonios de convivencia con dioses o la irrupción de entes fantasmales en la vida cotidiana. Nadie los inventó. Pero debe entenderse que no todo lo registrado por el cerebro necesariamente pertenece al mundo material.

Lo anterior hay que ubicarlo a partir de un hecho documentado: la capacidad de nuestra especie para producir imágenes cerebrales. Sobre este proceso cognitivo la neurociencia ha generado mucha información, que  explica cómo es que cotidianamente se visualizan ficciones a consecuencia de trastornos del sistema nervioso o por consumos de sustancias.

En uno de sus últimos ensayos, el neurólogo Oliver Sacks (1933-2015) se pregunta “hasta qué punto las experiencias alucinatorias han dado lugar a nuestro arte, nuestro folklore e incluso nuestra religión”. En seguida cuestiona si los dibujos geométricos que se presentan en quien sufre migraña y otras afecciones prefiguran los motivos del arte aborigen. También especula qué tanto las alucinaciones sobre personas u objetos de un tamaño inferior al estándar (llamadas “liliputienses”) dieron lugar a los elfos, diablillos, duendes y hadas insertadas en la cultura popular.

Si muchos conocimientos y referencias de valor estén sustentadas sobre hechos que nunca sucedieron puede explicarse, entre otras razones, a la predisposición de creer tanto lo que miramos individualmente como lo que se socializa aunque no nos conste. En efecto, aceptamos lo que miramos y escuchamos pero también admitimos lo que otros dicen haber mirado o escuchado. Incluso creemos “eso” que nadie ha mirado ni escuchado.

Consentir lo que otros creen no tendría mayor consecuencia salvo por los casos abundantes de manipulación masiva. Ductilidad en la que históricamente han soportado su poder líderes religiosos y gobernantes déspotas.

Esta peculiaridad tiene al menos dos basamentos. El hecho de constituir una condición de supervivencia, pero también y sobre todo la imposibilidad de identificar lo real, lo cierto, lo verdadero.

Sacks se interesó por las experiencias alucinatorias incluidas las que derivan en mundos singulares de seres o atmósferas imaginadas. Mitos y creencias, decía, “concebidos para clarificar y tranquilizar, pero al mismo tiempo para asustar y divertir”, una experiencia muy parecida en culturas dispares,  también lejanas en el tiempo así como en el espacio. Si la fe se pierde esas figuras tradicionales son desplazadas por otra como los alienígenas o apariciones de vidas anteriores.

Varios neurólogos comparten las anotaciones de Sacks. Desde mi perspectiva lo importante es poder dimensionar, pero sobre todo comprender cómo es que se producen estas imágenes cerebrales y cuál es la posibilidad de coexistir con ellas sin que se conviertan en instrumentos de manipulación o adoctrinamiento.

Lo anterior invariablemente genera interrogantes: ¿qué es lo real? ¿Lo que existe o sucede frente a la mirada de los demás? ¿Lo que vemos todos al mismo tiempo o solo lo que nuestro cerebro decodifica? Para que algo sea real, ¿tienen que mirarlo los demás o basta con que uno lo aprecie?

Creemos y aceptamos muchas cosas sin que nos consten. Estamos expuestos a lo que el cerebro asegura percibir, sea por daños en el lóbulo temporal o parietal, en los sueños, a causa de medicamentos o de estimulantes psicoactivos como la marihuana o el LSD.

Pero también estamos a merced de lo difundido desde los medios de comunicación. Muchas leyendas y supuestos se han construido a consecuencia de notas falsas o de videos y fotografías truqueadas. Digamos que la noción de lo tangible y en consecuencia de lo verídico cada día se pulveriza.

¿Cómo existir dentro de estos mundos paralelos? Definitivamente la respuesta nunca llegará escuchando al corazón, mucho menos aquello que hemos llamado sentido común. Tampoco desde nuestro sentido de la vista incapaz de distinguir lo real de la ficción. Solo nos queda aprender a mirar con el cerebro.

Referencia

  • Sacks, Oliver. “Alucinaciones”, traducción de Damián Alou. Ed. Anagrama, 2013, México.

@LuisManuelArell

Vannya Bello

Añadir comentario