En el mundo hispano, el “martes 13” funciona como alarma cultural: no es solo un dato de calendario, sino una mezcla de lengua, religión e historia. El mito se transmite en refranes, chistes y hábitos cotidianos, y cambia de tono según el país. En muchos hogares se evita hacer planes.
La palabra martes ya marca el tono. Proviene del latín dies Martis, “día de Marte”, el dios romano asociado a la guerra. En el imaginario antiguo, el planeta rojo y la violencia le dieron al día un prestigio temible, casi áspero, que se consolidó en la tradición latina.
En otras lenguas europeas, el mismo día se enlaza con divinidades guerreras equivalentes. En inglés, Tuesday deriva de Tiu o Tiw, nombre anglosajón del dios nórdico Tyr, identificado con Marte. La correspondencia refuerza la idea de conflicto y riesgo.
Ese parentesco entre Marte y Tyr ayuda a entender por qué el martes quedó ligado a lo belicoso, guerra, choque y pérdida. No se trata de una prueba de mala suerte, sino de un marco simbólico que sobrevivió a la Edad Media y se filtró en el habla cotidiana.
El número 13 suma otra capa decisiva. En la tradición cristiana, la Última Cena reunió a trece comensales, con Judas como el último en incorporarse. Esa imagen se repitió durante siglos en sermones y relatos, hasta fijar una asociación negativa persistente.
Fuente: www.perfil.com
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