En América Latina, la elección del papa Robert Prevost fue leída como un reconocimiento simbólico de la centralidad pastoral del sur global. El cardenal brasileño Odilo Scherer declaró que “el papa León XIV representa una Iglesia que ha vivido entre los pobres y que ahora habla con la autoridad de la experiencia”.
La elección del nombre, León XIV, tampoco fue casual. Evoca al Papa León XIII, reformista social y autor de la encíclica Rerum Novarum, que abrió las puertas de la doctrina social de la Iglesia en el siglo XIX.
El nuevo León llega también en tiempos de reconfiguración mundial: polarización política, colapso ecológico, descrédito eclesial. Pero no ha llegado con promesas, sino con una práctica larga, silenciosa y coherente.
“Será un pontificado de escucha, no de proclamas”, dijo la teóloga italiana Serena Noceti; “lo que Robert ha hecho toda su vida es caminar junto a los que no tienen voz”.
“No es un Papa estadounidense. Es un latinoamericano que habla inglés”, resumió desde Argentina el sacerdote jesuita Gustavo Irrazábal.
Nació en Chicago el 14 de septiembre 1955, en el suburbio de Dolton. Hijo de Louis Marius Prevost, director escolar, veterano de la segunda guerra mundial, con ascendencia francesa e italiana; y de Mildred Martínez, bibliotecaria de ascendencia española.
Nacido en Chicago en 1955, en una familia católica de raíces obreras, Robert Prevost encontró su vocación desde joven. Ingresó a la Orden de San Agustín, donde se formó en filosofía y teología en la Catholic Theological Union y más tarde obtuvo un doctorado en Derecho Canónico en Roma.
Fue ordenado sacerdote en 1982, pero lejos de quedarse en el ámbito académico o administrativo de su país, emprendió un camino pastoral que lo llevó a Perú, país que marcaría su vida y donde eventualmente se nacionalizaría. Allí, en la diócesis de Chulucanas, trabajó como misionero en comunidades empobrecidas, desarrollando una pastoral de cercanía y compromiso con los derechos humanos.
A lo largo de su vida como Prior General de los Agustinos (2001–2013), Prevost recorrió el mundo entero, pero su paso por México lo marcó. Visitó Puebla en 2003 y 2009, participó en foros vocacionales en Querétaro en 2010 y asistió al Congreso Internacional Agustiniano de Guadalajara en 2012. En esas visitas predicó sobre comunidad, austeridad y reforma espiritual. En Puebla, ante un auditorio de jóvenes religiosos, dijo que “el mundo no necesita más estructuras, necesita almas abiertas al sufrimiento del otro”. Su cercanía con México, desde lo pastoral y lo formativo, fortaleció la red agustiniana y consolidó su mirada sobre la Iglesia latinoamericana, en diálogo constante con la realidad social.
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