Migrantes hondureños que fueron deportados de Estados Unidos se sientan en un autobús tras llegar al aeropuerto Ramón Villeda Morales, en San Pedro Sula, Honduras, el miércoles 4 de diciembre de 2024. (AP foto/Moises Castillo)
Ayer por la tarde salió de la garita de Nogales, Sonora, un autobús con personas deportadas por la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos en el primer día del gobierno del presidente Donald Trump.
Dentro del autobús, en donde iba personal del Instituto Nacional de Migración, se observaron a menores de edad, así como mujeres y personas de la tercera edad.
Por la mañana, Marcos Moreno Báez, cónsul general de México en Arizona, informó que ya se había activado en esta garita la estrategia de apoyo a migrantes mexicanos que sean deportados. Incluye el traslado a centrales de autobuses y albergues.
El cónsul mexicano destacó que esto es parte de las órdenes de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
“Estamos activando parte de la estrategia que se ha diseñado a partir de hoy. Ya están los cambios que también se habían previsto en política migratoria. Y, por supuesto que estamos coordinándonos desde ayer con todas las instancias del lado mexicano.
Gritos de frustración se oyeron en albergues migrantes mientras Donald Trump pronunciaba las órdenes ejecutivas de su gobierno contra la migración en su toma de protesta. Asimismo, familias lloraron con el reclamo de que no podrán huir de la violencia de sus estados o la crisis económica de sus países.
Decenas de cabezas se agacharon ante la pantalla de televisión que transmitió el primer discurso del nuevo presidente de Estados Unidos en la estancia Juventud 2000, de Tijuana.
“En México ya no hay opción para muchos o para todos. Tenemos con nosotros a dos hermanas que secuestraron en Michoacán; a dos familias de Chiapas que están huyendo del narcotráfico, que están amenazadas de muerte. A muchachos que van a trabajar porque los querían reclutar del narco en sus casas y ¿qué van a hacer? Ya no tienen otra opción. Es doloroso para todos”, dijo Yesi Ortiz, voluntaria de Juventud 2000, en entrevista con EL UNIVERSAL.
Apenas terminó la toma de protesta cuando las familias empezaron a empacar su ropa, hacer varias llamadas, buscar pases de autobús para ir a otros estados como Monterrey o Durango.
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