El costo de producción de un pantalón ronda entre uno y dos pesos

¿Qué pasaría si te dijéramos que tu pantalón de mezclilla tiene un costo de producción de uno a dos pesos (precio estimado que dedujo Fondo Semillas)? ¿En cuánto lo compraste? Por más barato que esté, no pudiste pagar menos de 300 pesos. Entonces, si el costo de producción es de un peso, ¿cuánto ganan las costureras?

Una empleada de la maquiladora del parque industrial de Oaxaca, cuenta a que lleva 13 años trabajando como costurera y su objetivo fue aprender a usar una over (máquina de costura especializada), que le garantizó ganar 20 pesos más. Así que su semana es de 900 pesos, si es que no falta, porque por cada día que se ausente, le descuentan  350 pesos. La empleada debe de producir de 850 a  mil 200 piezas por día.

El salario mínimo en México es de $102.68 y $176.72 por día (en la zona libre de la frontera norte), es decir, que estas mujeres ganan dos veces más que lo estipulado por la ley, pero sin garantías laborales porque no tienen derecho a seguro médico.

¿De quién es responsabilidad la seguridad de las empleadas?

“Ya hasta miedo nos da enfermarnos” comenta la empleada, porque no cuentan con prestaciones de salud. “Nos pusieron un doctor, porque estaba una enfermera y siempre se equivocaba con los medicamentos, nos lo pusieron porque creo que íbamos maquilarle a Levi’s y sino lo ponían no iban a darle la producción a la maquila”, aclara.

Las prestaciones de salud se les quitaron cuando la empresa cambio de razón social y las trabajadoras dejaron de ser empleadas para convertirse en socias, denominación que las perjudicó completamente. “La empresa lleva años endeudada, de los 13 años que llevo trabajando nunca he recibido alguna utilidad, creo que nos están cobrando cada máquina”, comenta Leticia.

La responsabilidad de que haya un trato justo hacia las costureras recae en cuatro actores, comenta Tania Turner, coordinadora de los  programas de Fondo Semillas “esta responsabilidad es del Estado porque debe hacer que se cumplan los derechos laborales; en los dueños de las fábricas que deben garantizar los derechos de las costureras y hacer un pago justo; las marcas, quienes deben cerciorarse que la maquila se haga responsable de un trabajo justo y en el consumidor, porque si el comprador deja de comprar, las industria textil harían un cambio”.

La responsabilidad de los consumidores recae en investigar la marca que están comprando. “Así como revisamos los productos alimenticios, así deberíamos revisar la ropa”, comenta Tania. La presión para que haya un cambio social es responsabilidad de todos.

Esta lógica de producción, en la que las costureras reciben bajos salariospero sí altas demandas de producción, pertenece a un viciado ciclo económico donde los consumidores también tienen un sueldo bajo y son bombardeados por una campaña de consumo, donde permea una moda del fast fashion ¿Qué hacer frente a esta situación?

Algunos consejos que da Tania Turner es investigar en las páginas web de las marcas que consumismo su compromiso social o buscar aplicaciones que te ayudan a comparar las marcas de ropa. Asimismo, identificar si las empresas han estado involucradas en algún escándalo como pasó con GAP, en donde una de las maquilas donde se confeccionaba su ropa trabajaba menores de edad quienes confesaron al periódico The Observer que cuando los jefes creían que no estaban trabajando eran golpeados.

La unión entre costureras

Blanca Avendaño, represente de Mujeres Sindicalistas Asociadas (MUSA), decidió consolidar esta asociación después de vivir también injusticias en su trabajo, empezó cuando una de sus compañeras le comentó que veía como una de sus vecinas llevaba a sus hijos a una institución para que los cuidaran ya que ella no podía por estar en la maquila.

“Decidimos apoyar a otras mujeres que estaban en peores condiciones que nosotras. Les dio saber que no estaban solas”, Blanca Avendaño.

Impartir las capacitaciones implica mucho trabajo de estrategia porque se deben elegir lugares cercanos a las casas de las maquinadoras, regularmente ellas viven en zonas conurbadas y hacen alrededor de una hora para llegar a sus centros de trabajo. Además, temen asistir a las charlas por miedo a ser despedidas. Lo que les decimos, -comenta Blanca- es que mientras no incurran en un delito no las pueden correr, porque incluso hasta las encierran para obligarlas a renunciar.

“Lo que aprendí con Blanca, -comenta Leticia- es que así como tenemos obligaciones, también tenemos derechos. Derecho a tomar agua y a ir al baño. Ellos creen que nos hacen un favor por darnos trabajo, así lo creía antes que yo sólo debía ir a trabajar y obedecer, pero no”.

La empleada entrevistada comentó que hace una labor continua de convencer a sus compañeras, que por lo regular son madres solteras o adolescentes entre los 17 y 20 años, para que asistan a las pláticas de MUSA porque entre más unidas son más fuertes.

Su último logro fue descansar este primero de mayo. “Querían que trabajáramos el primero y nos daban el 10 de mayo, les dijimos que sí, pero si nos lo pagaban triple porque son nuestros derechos. No quisieron pero sí se enojaron”, comentó Leticia. Quizá, la lucha por sus derechos sea lenta, pero ha sido un gran logro para Blanca que las trabajadoras reconocieran que tienen derecho a tomar agua, ir al baño y tomar de descanso el primero de mayo, Día del Trabajo.

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