Despertar México

Después del sismo, fueron ellas quienes construyeron sus casas

La comunidad de Huejotengo ubicada en  el municipio de Ocuituco en el estado de Morelos. Se encuentra en las faldas del volcán Popocatépetl, está conformada por 1, 127 habitantes. De las 250 casas que hay,  76 sufrieron pérdida total y 102 tuvieron afectaciones.

La familias de la comunidad de Huejotengo tuvieron que dividirse las actividades. Los hombres se fueron al campo a cuidar los sembradíos de aguacate o a buscar empleo a otros pueblos; mientras que las mujeres se quedaron en casa a cuidar las pocas pertenencias que les quedaron después del terremoto del 19 de septiembre en 2017.

Después del terremoto se soltó la delincuencia comentó Yeni: “tuvimos que dividirnos las actividades, no hubo de otra”. En esa división de trabajo, las mujeres de la comunidad se dieron cuenta que no eran un objeto.

Las mujeres quieren romper los mitos de que “mujeres juntas ni difuntas”. Ellas saben que unidas son más fuertes.

“A raíz del sismo, las mujeres despertamos porque tuvimos que construir nuestras casas. Decidimos tomar las riendas”, compartió Yeni.

Cuánto cemento y qué gramaje

La aventura de empoderarse comenzó cuando las mujeres decidieron comprar por ellas mismas los materiales que necesitaban para construir sus casas.

30 % de las casas de la comunidad de Huejotengo se destruyeron y 70% tuvieron afectaciones

En la casa de materiales por lo regular los que atienden son hombres, su papel como vendedores fue complejizar la tarea de las mujeres. Yeni comenta “cuando llegábamos a comparar nos preguntaban cuántos kilos cementos, de qué marca, de cuánto estabilidad. Nos preguntaban cosas que no conocíamos así que nos respondían -es que eres mujer, tú no sabes, que venga tu marido”.

A raíz de esta experiencia es como el grupo de mujeres que se auto nombró “El sueño de Huejotengo” que lidera Yeni,  decidieron buscar ayuda.

“Con el acceso a Internet una de las muchachas encontró la convocatoria de Fondo Semillas, fue con el apoyo de la organización Ayok pudimos solicitar el financiamiento”, comenta la líder de El sueño de Huejotengo.

El financiamiento que adquirió el grupo de mujeres de Huejotengo les permitió contratar a un arquitecto quien les enseñó cosas básicas -pero no por ello simples-, especifica Yeni en entrevista.

“Nos enseñó a trazar un plano, hacer mezcla, poner piso, construir muros de contención, hacer tabiques”.

El aprendizaje que adquirieron esta mujeres les permitió que los albañiles las tomaran en cuenta, de lo contrario ellos no seguían sus instrucciones o pedían hablar con su esposo, su argumento era “es que eres mujer y no sabes”.

Las mujeres atienden a sus esposos

La comunidad de Huejotengo se rige por usos y costumbres donde impera la cultura del “machismo” y se considera que una  buena mujer se queda en su casa, debe servirle la comida a su esposo y se tiene la creencia popular de que “mujeres juntas ni difuntas”.

Este imaginario de la comunidad fue el principal reto de las mujeres de Huejotengo quienes fueron cuestionadas por sus esposos incluso agredidas por un grupo de hombres.

“Cuando empezamos a organizarnos nuestra seguridad se vio afectada. Hemos sido agredidas con insultos, gritos y chismes por un grupo de hombres. Incluso una de las compañeras fue golpeada por su esposo. Empezamos 15 compañeras, ahora como 12, una se salió por enfermedad y las otras dos porque sus esposo no les dieron permiso”, comenta Yeni.

“Te invitamos un curso de pintura de servilletas es nuestra convocatoria para estos cursos, porque si les decimos tal cual lo que les enseñaremos, los esposos no las dejarían ir o ellas mismas no irían”, comparte Yeni.

En los cursos además de hablar de amor propio también buscan mantener el contacto con la naturaleza, a través de sus talleres de bio-construcción.

No queremos casas grises

En este esfuerzo de mantener vivo que la comunidad de Huejotengo vive y pertenece a la tierra, el grupo de mujeres de Yeni se rehusa a que las casas queden grises como lo pidió el municipio.

El municipio de Ocuituco dio 112 mil pesos mexicanos para la reconstrucción de la comunidad de Huejotengo bajo ciertas reglas de operación. Las casas no debían construirse de adobe como lo estaban sino con ladrillos, lo que provocó que tuvieran una atmósfera gris.

Para contrarrestarlo, el grupo de mujeres aprendió a crear tinturas con la tierra, ahora están pintando sus casas de color rojizo para regresar a la originalidad, “para regresarle el amor”.

Julia Juárez

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