CDMX

Diego y Frida: Un universo, experiencia inmersiva en CDMX

La obra de Diego Rivera y Frida Kahlo cobra nueva vida en Diego y Frida: Un universo, una exposición inmersiva que combina el arte, tecnología y emoción.

Abierta al público del 6 de junio al 15 de septiembre de 2025, esta propuesta innovadora se instala en la emblemática Librería Porrúa del Centro Histórico, transformando el espacio en un recorrido visual y sonoro por el universo simbólico de dos de los artistas más importantes del siglo XX.

Gracias a proyecciones 360, lentes de realidad virtual y una partitura original compuesta por Chacho Gaytán, los asistentes emprenderán un viaje por la obra y vida de Frida y Diego. Desde los autorretratos cargados de dolor de Kahlo, hasta los monumentales murales políticos de Rivera, esta exhibición —compuesta por más de 300 piezas digitalizadas— permite explorar sus emociones, ideas y legado como nunca antes.

Diego y Frida: Un universo: ¿Qué podrás ver?

Cada sala de Diego y Frida: Un universo está diseñada como un espacio teatralizado, con estímulos visuales, auditivos y olfativos que generan una experiencia total.

El recorrido incluye momentos clave de su vida personal y artística, narrados con sensibilidad y detalle, lo que lo convierte en un plan perfecto para toda la familia, visitantes extranjeros o amantes del arte moderno.

La curaduría está a cargo de un equipo de guionistas, especialistas y creativos que se propusieron no solo mostrar las obras, sino transmitir la intensidad con la que estos dos artistas vivieron y pintaron.

En palabras de Diego Rivera: “el arte no se puede definir, se tiene que experimentar”. Esta muestra es prueba de ello, según Chilango.

Datos de Frida y Diego:

Frida y Diego tuvieron un matrimonio tan tormentoso como apasionado. Se casaron en 1929, se divorciaron en 1939 por las múltiples infidelidades de ambos (incluida la de Diego con la hermana de Frida), pero volvieron a casarse un año después. Su segunda boda fue mucho más discreta y sin fiesta.
Frida llamaba a Diego “mi sapo” por su complexión robusta y sus ojos saltones, mientras que él la llamaba “mi paloma”. Estos apodos, aparentemente simples, reflejaban la ternura y complicidad que coexistía con los pleitos y la infidelidad.
Diego Rivera era el muralista más famoso de su época, pero admiraba profundamente la pintura de Frida. De hecho, fue él quien impulsó su primera exposición en Nueva York. Aun así, los celos existían: Frida le reprochaba que tomara decisiones por ella y que acaparara atención.

EDITORIAL

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