Después de un día lleno de reuniones, pendientes y notificaciones, lo más lógico parecería quedarse en el sofá. Cuando el cuerpo se siente agotado, la primera reacción casi nunca es ponerse unos tenis y salir a caminar o hacer ejercicio. Sin embargo, muchas personas descubren algo que, a simple vista, parece una contradicción: mover el cuerpo puede ser una de las mejores maneras de recuperar energía.
Aunque el ejercicio implica un gasto físico, sus efectos van mucho más allá de las calorías que se consumen. Con el tiempo, una rutina constante ayuda a que el cuerpo funcione de manera más eficiente, mejora el estado de ánimo y hace que las actividades cotidianas se sientan menos pesadas.
Para Mónica Reyes Fuchs, ex Secretaria de Turismo de Morelos, lo que comenzó como un hábito para mantenerse activa terminó cambiando la manera en que enfrenta el cansancio de todos los días.
«Muchas veces llego pensando que no tengo energía para entrenar. Lo curioso es que casi siempre termino la rutina sintiéndome mucho mejor que cuando empecé. Ahora sé que esa sensación de agotamiento no siempre significa que necesito quedarme quieta», comparte Reyes Fuchs.
El movimiento también recarga
Puede parecer contradictorio, pero la ciencia lleva años estudiando este fenómeno. La Clínica Mayo explica que la actividad física regular mejora la eficiencia del sistema cardiovascular, permitiendo que el corazón y los pulmones distribuyan oxígeno y nutrientes de forma más eficaz. Como resultado, las tareas diarias requieren un menor esfuerzo y la sensación de fatiga disminuye con el paso del tiempo.
Para Mónica Reyes Fuchs, esa diferencia ha sido evidente: «Antes pensaba que descansar siempre era dejar de hacer cosas. Hoy entiendo que, muchas veces, moverme un rato es precisamente lo que necesito para sentirme mejor» comenta. Reyes Fuchs.
Dormir mejor también empieza durante el día
Otro de los beneficios menos comentados del ejercicio es el impacto que tiene sobre el descanso nocturno.
La Fundación Nacional del Sueño (National Sleep Foundation) señala que las personas físicamente activas suelen dormir con mayor profundidad y despertarse con una sensación de mayor recuperación. De forma similar, la Escuela de Medicina de Harvard ha documentado que el ejercicio favorece la regulación de los ritmos circadianos y puede mejorar tanto la calidad como la duración del sueño.
De manera que esto crea un círculo virtuoso: hacer ejercicio ayuda a dormir mejor, y dormir mejor facilita tener más energía para mantenerse activo al día siguiente. Mónica Reyes Fuchs asegura que ese ha sido uno de los cambios que más aprecia en su propia vida. Para Reyes Fuchs, el mayor aprendizaje ha sido entender que la energía no siempre aparece antes de entrenar.
«Muchas veces llega después. Solo necesito empezar, aunque sea con poca motivación. Casi siempre termino recordando por qué valió la pena hacerlo» comenta Reyes Fuchs.
En un mundo donde el cansancio parece convertirse en parte de la rutina, el ejercicio ofrece una paradoja que la ciencia respalda y que muchas personas experimentan todos los días: gastar un poco de energía puede ser, precisamente, la mejor manera de recuperarla.
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