TLCAN, salarios y corrupción

A más de 20 años de la entrada en vigor del TLCAN, ¿qué papel como nación y Estado debemos asumir ante un escenario de renegociación?

Ponerse en los zapatos del otro

Armando Ríos Piter

@RiosPiterJaguar

Ciudad de México, 24 Abril.- La relación comercial y diplomática con EU y Canadá no puede circunscribirse al astringente y populista discurso de Donald Trump, que busca desmantelar el andamiaje institucional y económico construido sobre las bases de un mundo globalizado, y que olvida los beneficios de una relación comercial que representa el 16% del comercio internacional y el 6% del PIB mundial.

Sin embargo, hay que tener claridad de las grandes asimetrías que enfrentamos. Por ejemplo, en la concepción original del TLCAN, en la parte manufacturera, las ganancias del sector se han dado a partir de los bajos salarios en México. Actualmente, si comparamos los salarios mínimos de México y Estados Unidos, el diferencial en términos reales es 14 veces superior con el vecino país. Esta brecha es en gran parte responsable de que 12 millones de compatriotas vivan al norte del Río Bravo.

En caso de cumplirse la amenaza de una deportación masiva de una cuarta parte de esa población, no contamos con la capacidad institucional para atenderlos. Si se deportaran, digamos, a 3.5 millones de personas, nuestra tasa de desempleo aumentaría de 4% a 10% y, por otro lado, el mercado norteamericano tendría un déficit de mano de obra, que presionaría a la producción y elevaría los costos del mercado laboral, llevando a un menor crecimiento para EU y para la región en su conjunto. Ya en el año 2000, Alan Greenspan, como presidente de la Reserva Federal, planteaba la revisión de las leyes migratorias para atender el déficit de mano de obra, antes de que se convirtiera en un factor de presión sobre la inflación.

El Senado de la República tiene la obligación de resguardar las ventajas generadas en las cadenas de manufactura, que se constituyeron en este periodo histórico del TLCAN; pero también debe aprovechar esta oportunidad de evolucionar frente a los desafíos de la competitividad que exige la cuarta revolución industrial. Así que continuar con un tratado comercial, sin atender el fenómeno de la migración indocumentada y la divergencia salarial, no es el escenario óptimo. Mantener los costos de mano de obra como una ventaja competitiva es una falsa premisa. Hoy sabemos que la competitividad en el siglo XXI no depende de bajos sueldos, sino del conocimiento convertido en valor agregado, en productividad y en bienestar social.

Uno de los teóricos más importantes de la competitividad sistémica, Michael Porter, declaró el 21 de octubre de 2012, que “los sueldos bajos no son la panacea para el crecimiento”. La economía se aleja de las actividades manufactureras como pilar del crecimiento y avanza estrepitosamente a la economía del conocimiento; en este contexto, en febrero pasado, el canciller Luis Videgaray abrió la posibilidad de incluir el tema salarial en caso de renegociar el TLCAN.

Dentro de los trabajos de la Operación Monarca, hemos hecho un esfuerzo para construir una red de defensa y gestión legislativa en defensa de una comunidad mexicana que radica en Estados Unidos, pero en el mediano y largo plazo, tenemos que atender las causas estructurales que han promovido este fenómeno laboral. Si bien es cierto que hemos avanzado en reformas constitucionales para elevar el salario mínimo e indexarlo con la productividad, como región comercial es insuficiente esta reforma si no se incluye claramente todo un capítulo dentro del TLCAN, en el que se incluya la convergencia salarial y la integración de los mercados laborales entre los socios comerciales que lo integran.En lugar de debatir sobre“muros” inútiles, ésta es una solución de fondo a la migración indocumentada.

Tenemos que garantizar mayor integración y mejores niveles de crecimiento para todas las partes involucradas.No hacerlo así, es también un tipo de corrupción.Se trata de la corrupción moral y ética frente a la desigualdad social.

En próximos días, un grupo de legisladores de México y Estados Unidos estaremos presentando iniciativas en nuestros respectivos Congresos, para impulsar una agenda conjunta de diálogo, donde el tema prioritario será incluir en el TLCAN la recuperación y convergencia salarial, con una gran visión de región competitiva en material laboral.

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