Por qué Dylan salvará la literatura

¿Qué vuelve a Dylan tan imprescindible para la literatura? Su entendimiento de que la música podía y debía tener un sentido social.

dylan en desert trip

POR: Zoé Robledo / Colaborador invitado del diario REFORMA

Ciudad de México, 20 Oct.- Todos los lunes el bar del hotel Carlyle de Nueva York es ambientado por el clarinete más improbable: desde hace 10 años, Woody Alien añade su viento a The Eddy Davis New Orleans Jazz Band.

El lugar no admite más de 50 personas y el jazz, en su clásico estilo de improvisaciones, no admite demasiadas certezas. Pero hay una cosa inobjetable, muy a pesar del deseo del cineasta, los 50 asistentes no están ahí para escucharlo, están ahí para verlo.

El caso de Woody Alien ilustra muy bien el significado del Premio Nobel de literatura de este año. De la misma forma que el clarinetista del hotel Carlyle es un cineasta disfrazado de músico, Bob Dylan es un poeta que se ha disfrazado de músico. ¿La diferencia? Que Dylan ha logrado engañarnos. Pero no caigamos en el engaño, cuando ponemos un disco de Dylan no es para escucharla es para leerlo.

Quizá por ello se explica la actitud contra intuitiva de Dylan, quien durante mucho tiempo ha decidido no interpretar sus primeros éxitos y hacer musicalmente irreconocibles sus canciones.

¿Qué poeta no ha renegado de sus primeros textos o ha afirmado que su obra tiene múltiples interpretaciones? En ese sentido la audacia del comité del Nobel no está en el reconocimiento de la música como literatura -la SEP incluye a Homero en su plan de estudios de secundaría, un autor que en pleno siglo VIII a. C. cantaba rapsodias-, ni tampoco en haber entendido la grandeza de una epopeya como Desolation Row, sino en su capacidad de no haberse dejado distraer por el ritmo y haber encontrado en un cantautor a un gran literato.

¿Qué vuelve a Dylan tan imprescindible para la literatura? Su entendimiento de que la música podía y debía tener un sentido social. Que además de hacer bailar, el rock podía hacer reflexionar. Esa noción transformó a la música popular de los sesentas; a Dylan lo siguieron The Beatles, The Rolling Stones y The Who. Y otros más siguieron a los que lo siguieron: Pearl Jam, Nirvana, Oasis.

Su influencia no parece tener fin. ¿Cuántos nuevos lectores se han acercado a la literatura por la vía de la música? ¿Cuántos llegaron a Cortázar, a Ginsberg a Auster, a Salinger por la vía de Dylan? El Nobel a Dylan es un intento por salvar a la literatura. En una época donde la lectura se ha vuelto un acto de contracultura, la música se ha convertido en un extraño promotor de la palabra escrita.

Para los amantes del arte, la literatura siempre ha ido de la mano de la música Los que escuchan a Silvio leen a Galeano, los que escuchan a Caifanes leen a José Agustín, los que escuchan a Marley leen a Castañeda, los que escuchan a The Doors leen a Aldous Huxley. La música que escucha un adolescente puede ser el puente más eficiente hacia la lejana isla que supone un libro.

En 1958 el Departamento de Estado incluyó en su lista de canciones prohibidas Rumble, de Link Wray, por considerarla una evocación a la rebeldía. La canción es instrumental. No tiene letra De una forma extraña, el gobierno americano reconocía que la subversión no necesita palabras. Hoy, la Academia Sueca reconoce que la literatura no necesita de libros: el Premio Nobel de Literatura ha sido otorgado a un literato sin más de dos publicaciones.

48 horas después de que se supo la noticia, el Nobel Man estuvo frente a 70,000 personas en el desierto de Indio, California. A su lado estuvieron dos “jóvenes aprendices”: Neil Young y Roger Waters. Ahí, con el Nobel como aval, ocurrió la lectura de poesía más grande de la historia de la humanidad. Y esa, sin duda, es algo bueno.

El autores Senador y Presidente del Espacio de Fomento a la lectura.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *