La gallina de los huevos de oro

Comenzamos 2017 con muy malas noticias. Se confirmó lo que muchos veníamos diciendo desde tiempo atrás: este gobierno no ha sabido conducir al país. La combinación de incompetencia y corrupción desbordada nos tiene hundidos en la incertidumbre.

Margarita Zavala

@Mzavalagc

Ciudad de México, 16 Ene.- Comenzamos 2017 con muy malas noticias. Se confirmó lo que muchos veníamos diciendo desde tiempo atrás: este gobierno no ha sabido conducir al país. La combinación de incompetencia y corrupción desbordada nos tiene hundidos en la incertidumbre. El “gasolinazo” ya comenzó a dar pie a aumentos en las cosas. La gente ya lo siente y lo comenta: “Me aumentaron la renta”; “el del taxi ya me cobra más que antes”; “en el mercado ya subió el pollo”; “dicen que va a subir más la tortilla”. Esa es la vida real, no la de los pactos improvisados.

¿Cómo llegamos a esta situación? El presidente ahora dijo que “la gallina de los huevos de oro se nos fue acabando” refiriéndose a Pemex. Pero no se acabó, no se secó, no se murió: la mataron. Y se sabe bien quiénes y cómo. Los primeros dos años de este gobierno, el secreto a voces era que los priístas habían regresado dispuestos “a servirse con la cuchara grande”. Por ejemplo: se supo, pero no se hizo nada, que se compró en millones de dólares una empresa de fertilizantes quebrada y que ahora anuncian su venta. Es hora de investigar.

La infame reforma fiscal de 2013 frenó la economía porque castiga a quien trabaja y le carga la mano a quien invierte y genera empleos y crecimiento. ¿Cuál fue la justificación? Que las reformas iban a traer tanto dinero al país que el crecimiento nos haría olvidarnos de los impuestos. No fue así. Las reformas fracasaron porque los inversionistas extranjeros dejaron de confiar en este gobierno cuando se dieron cuenta de sus niveles de corrupción, de la debilidad del Estado de derecho.

¿El resultado? Bajo crecimiento, alta corrupción, mucho malestar. Hay que tenerlo muy claro: este gobierno federal ha contado con el mayor presupuesto de la historia moderna. En 2016 recibió alrededor de 4.5 billones de pesos, lejos de los 3.5 billones que se recibieron en 2012. ¿Gracias a quién? A ti, al que paga impuestos. Cada mexicano trabajador pagó más al gobierno a través del Impuesto Sobre la Renta (ISR), del IVA y del impuesto a las gasolinas (IEPS).

¿Dónde está ese dinero? ¿Dónde están esos miles de millones de pesos? Obviamente no están invertidos en carreteras, en escuelas, en hospitales, en medicinas. Tampoco están en programas sociales. Mucho menos se ha ido a seguridad. Al contrario. Educación, salud, seguridad y programas sociales son lo primero que recortó Hacienda para 2017. Primero cancelaron programas de prevención del delito, que bajarle el sueldo a los funcionarios o cancelar gasto en publicidad del gobierno. ¿Y Pemex? Comprando jets privados y empresas quebradas en vez de invertir en refinerías. ¿Cómo no se iba a morir la “gallina”?

¿Qué hacemos? ¿Cómo canalizar nuestra indignación?

Primero, no hay que quitar el dedo del renglón. El gobierno tiene que apretarse el cinturón. Algunos gobiernos estatales como Querétaro, Durango y Aguascalientes están dando el ejemplo. Tenemos que presionar para que el gobierno federal se deje de dobles discursos y realmente baje su gasto. No estaría mal que los funcionarios de alto nivel mostraran su recibo de ingresos, para que veamos el descuento que se anunció.

Segundo, hay que exigir una revisión a fondo del presupuesto y la reducción inmediata del gasto en partidos políticos, la eliminación total del “fondo de moches” en el Congreso, la reducción de la publicidad gubernamental y la cancelación de programas que no aportan valor a las familias mexicanas. Hay que exigirle a la oposición que sea realmente oposición.

Tercero, hay que tener claro que nuestro poder como ciudadanos está en las urnas. Este año hay tres elecciones estatales. En especial, la elección del Estado de México nos ofrece una oportunidad inigualable para mandarle un mensaje al PRI. La oposición y en especial el PAN tienen una responsabilidad enorme para que esa elección sirva como válvula de escape para un pueblo justamente indignado. Que sea la política, y no la violencia como quieren otros, la vía para transformar la indignación en acción.

Abogada

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