Escribir: ¿un arte, un oficio, un pasatiempo? ¿O todo esto junto?

La escritura, como modus vivendi, todavía presenta ciertos hitos, estereotipos y etiquetas que no se han podido erradicar.

escritor

Ciudad de México, 13 de Oct.- 2016

Quizá te haya sucedido en más de una ocasión que en alguna reunión, fiesta, curso o simple plática, cuando alguien dice que es escritor, te queda un extraño sentimiento de que algo le falta; que no posee una carrera universitaria, y que no desempeña un “trabajo de verdad”. Que no asume un verdadero compromiso en su quehacer diario.

Tristemente así es. A la gran mayoría de los escritores que conforman las páginas de la Historia Universal, se les ha considerado como personas que no terminaron una carrera profesional, o que no realizaban una actividad seria ni bien remunerada. Se les tildaba (tilda) de flojos, snobs o bohemios fracasados.

Pero más allá de estos radicales e injustos clichés sociales prevalecientes en prácticamente todas las sociedades actuales del orbe, el ser escritor de tiempo completo, el asumirse como tal, representa una aventura fascinante que requiere de férrea disciplina, tesón y, por supuesto, de enorme talento. Desde elegir-concebir-desarrollar una historia que en realidad sea lo suficientemente original y guste y atrape a los lectores, hasta desenmarañar un inmenso tejido de personajes, caracteres psicológicos, estados anímicos, diálogos, atmósferas, situaciones, desarrollos y resoluciones.

Vaya tarea esta. Vaya complejidad de elementos para combinarlos, equilibrarlos y situarlos en un contexto y acción determinados. Sin importar el género al que podamos referirnos (novela, novela histórica, ciencia-ficción, thriller, suspenso, terror, fantasía, biografía novelada, ensayo, artículo), la dificultad es la misma para sostener una acción y mantener interesado y “atrapado” al lector. Lo mismo, claro está, ocurre con el cuento corto y largo, la poesía y la dramaturgia.

El caso es que escribir, entiéndase desde este momento, es todo un arte que requiere de un profundo manejo del lenguaje, de una amplia cultura general, del debido manejo psicológico, y ese tan particular estilo que diferencia a un autor de otro. Por ejemplo, para destacar e identificar la voz firme y tronante de Homero en sus dos geniales obras, “La Ilíada” y “La Odisea”; para profundizar en el insondable mundo profano, vil, traicionero y asombrosamente humano de Shakespeare, “Hamlet”; para deleitarnos con la agudeza fina, mordaz y filosa de Dickens, “Grandes Esperanzas”; para aventurarnos sin rumbo fijo en una epopeya de emociones contrastadas con Melville, Moby Dick”; de alucinarnos con el lenguaje como personaje central a través de sus casi infinitos vericuetos de Joyce, “El Ulises”, de trascender lo cotidiano y predecible de la vida con Kundera “La insoportable levedad del ser”, de transitar entre fantasmas y alucinaciones familiares en torno a la miseria humana de Rulfo, “Pedro Páramo”, de asombrarnos con las capacidades emocionales que todavía arrastran los seres humanos en la pluma de Oates, “La hija del sepulturero”, por sólo citar poquísimos ejemplos de un corolario de obras literarias magistrales que nos deleitan, ilustran y conmueven.

Sí, porque la Literatura es un arte indiscutible y preciado, que debemos agradecer siempre a los escritores que se sientan horas y horas en busca de una simple palabra, de una requerida frase, de un estado anímico que nos sorprenda y conmueva. Sí, porque debido a los clichés arriba citados, la mayoría de los escritores tienen que hacer otras actividades-labores para poder generar el suficiente dinero para la despensa, la renta, las perpetuas deudas. Aunque hoy en día algunos escritores han visto la manera de hacerse inmensamente ricos escribiendo basura predecible y ramplona, que insólitamente se convierte en Best Sellers (50 sombras de Gray) por citar el fenómeno pseudo literario más reciente. Claro, porque también en la Literatura está ese misterio insoslayable del éxito, el reconocimiento y la trascendencia.

Lo que sí consuela y conforta, es que existen hoy día el suficiente número de excelentes escritores, para seguir leyéndoles con la emoción crispada; con los nervios de punta y con la admiración a flor de piel. Ahora bien, no pocos talentos existen que no tienen conocimiento de cómo publicar su obra, o que se han acercado a los sellos editoriales de renombre, y nunca han recibido una respuesta. Nunca hay que desanimarse ante esta situación que prevalece en el mundo editorial de nuestra ciudad. Existen, por fortuna, sellos independientes que editan obras sobresalientes de escritores que no habían dado ese paso gigante de asumirse como tales. Si tú eres escritor y no tienes quién publique tu obra, acércate a esta dirección electrónica, en la cual siempre habrán de escucharte (y leerte): tr3seditores@gmail.com

55 10 26 53 44.

¡Y nunca, nunca dejes de leer!

Hasta la próxima.

Lic. Mariana Bustamante Castillo

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