¿Es viable un frente amplio opositor?

El plato está servido: los priistas ya no alcanzan esa cifra desde hace años y el sistema político mexicano permite triunfar con pocos votos.

Por Ignacio Anaya

Ciudad de México, 3 Julio.- La fórmula para que el PRI pierda la elección presidencial es muy sencilla: sólo basta que dos o tres partidos opositores construyan un bloque y obtengan al menos 35% de sufragios.

El plato está servido: los priistas ya no alcanzan esa cifra desde hace años y el sistema político mexicano permite triunfar con pocos votos.

Dicho lo anterior, derrotar al partido tricolor tendría que resultarle “fácil” a cualquier estratega

electoral; sin embargo, ganarle al priismo es más que un asunto de números. La pasada elección del Edomex ha constituido un buen indicador respecto de los retos que supone vencer al priismo que se llevó el triunfo con apenas un tercio de la votación.

¿Y qué pasó en el Estado de México? Que los tres partidos opositores fuertes dispersaron el sufragio al postular candidato cada uno.

Si al menos dos de esos partidos se hubieran aliado, Alfredo del Mazo no sería el próximo mandatario.

No pudieron ni tampoco quisieron elaborar una plataforma común. Cada uno jugó de manera individual y si bien los priistas hicieron uso de todo lo que pudieron, apenas alcanzaron un tercio de la votación emitida.

¿Cuál es la gran enseñanza de los comicios mexiquenses? Que la maquinaría del PRI no puede superar ese tercio.

En el contexto de las elecciones venideras, los partidos Acción Nacional y de la Revolución Democrática han dejado saber su interés por construir un frente amplio opositor para evitar que el priismo se sostenga otros seis años al frente del poder presidencial.

El anuncio formulado desde las presidencias de ambos partidos, por el panista Ricardo Anaya Cortés y por la perredista Alejandra Barrales Magdaleno, no ha dejado satisfechos a muchos, sobre todo a importantes cuadros y líderes del partido del Sol Azteca, ya que dado el mejor posicionamiento político del panismo todo indicaría que el abanderado o la abanderada tendrían que ser de esa filiación política.

Por eso es que también se habla de la opción que supondría un candidato independiente, pactando que las diferencias ideológicas queden relegadas al ámbito del Congreso de la Unión donde serían las respectivas bancadas las encargas de, ahora sí, impulsar sus plataformas específicas.

Esto último, sin embargo, no parece ser el punto de quiebre pues en México los partidos han sabido dejar de lado sus convicciones ideológicas cuando así les conviene. Se trata de un pragmatismo efectivo que tampoco modifica el color del sufragio.

Entre una elección y otra los ciudadanos han aprendido a votar de manera diferenciada y bajo una infinidad de razones donde lo doctrinario carece de relevancia. Tanto es así, que ahora se ha planteado la incorporación del Partido Verde Ecologista de México al aún no delimitado frente.

Suponiendo que el anterior escenario fue viable, lejos está de zanjar otro reto para la oposición: la dispersión del sufragio que generará el partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), que en distintos foros ha declarado puntualmente su rechazo a vincularse con este aún incipiente Frente Amplio Opositor.

Desde la perspectiva del presidente de MORENA y virtual candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, PAN y PRD constituyen comparsas del gobierno federal al validar políticamente dicho régimen por lo cual habrá de participar prácticamente solo, apenas aderezado con la simbólica alianza del Partido del Trabajo.

Por lo anterior y suponiendo que PAN y PRD se entiendan, el escenario para el año entrante en la disputa presidencial es de tres candidatos con amplias posibilidades de alcanzar un tercio de sufragios.

Es posible que haya además algún abanderado independiente o que alguno de los partidos más pequeños también registre candidatos.

A mayor sufragio dividido mejores posibilidad de ganar. Se trata de una ecuación de política elemental que aprovecha el gran lastre de los partidos que le son opositores: la imposibilidad de negociar, de acordar, de ceder, de construir.

Nadie quiere dar su brazo a torcer. El PRD no acepta sumarse a la candidatura de López Obrador;

Morena jamás se aliará con PRD y PAN; y el PAN quiere un frente único para proyectar a uno de los suyos.

Por eso es insuficiente contar sufragios y suponer que se le puede derrotar al priismo en las urnas.

Poco se está entendiendo que la debilidad electoral del PRI se cuenta ciertamente en las casillas electorales pero que se define por la humildad de sus opositores. Cuando los líderes de cualquier otra denominación partidista, académica o independiente lo entiendan, cuando germine ese recato en quienes coinciden en la proclama de sacar al PRI de Los Pinos, cuando eso suceda, hasta entonces podrá comprenderse que no existen proyectos únicos ni mucho menos liderazgos concretos para ofrecerle alternativas a la nación.

One Comment

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  1. No puede haber un “frente opositor” cuándo se es parte de lo mismo, este frente está camuflado, y su intención no es que pactar contra AMLO, el único diferente al PRI, ya sucedió en el Estado de México, al PRD y al PAN no les interesaba ganar, el interes fue que MORENA perdiera, además no hay estrategia ni bloque que pueda ganar contra instituciones corruptas cómo el INE y el IEEM, quienes no ven lo que es obvio.

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