El país donde no pasa nada

La popularidad de Enrique Peña Nieto apenas alcanza los 27 puntos, cifra sin precedente para un jefe del Ejecutivo.

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POR: Lilia Aguilar Gil / Colaboradora invitada del diario REFORMA

Ciudad de México, 7 Oct.- Nada es más poderoso que una idea cuyo tiempo y madurez llegó.
La casa blanca, Malinalco, Miami, OHL, Ayotzinapa, Tlatlaya, Apatzingán, Tetelcingo, el Chapo, la tesis, la crisis económica, el precio del petróleo, la cotización del dólar, la invitación a Trump, las reformas ineficaces… pintan no sólo a la administración, también a una clase política desacreditada. Bastaría concluir que corrupción, frivolidad, incapacidad para manejar la crisis y violación a los derechos humanos son su sello.

La popularidad de Enrique Peña Nieto apenas alcanza los 27 puntos, cifra sin precedente para un jefe del Ejecutivo. Pero: ¿basta reprobar al Presidente para que las cosas cambien? Evidentemente no, pero lxs mexicanxs, indignados y todo, ¡no hacemos nada!

Mientras circulan millones de memes sobre la renuncia del Presidente o de comentarios negativos sobre su administración en las redes, cuando se llamó a marchar para exigir su renuncia, solo unos cuantos acudimos. ¿Tiene que venir Roger Waters para que la gente, en un solo grito, exprese su indignación y lo llame asesino, mientras el cantante tiene la audacia de poner un “Renuncia Ya” en Palacio Nacional y decirle “Presidente, el mundo lo está observando”? Lo urgente pues es reinventarnos, recrear el futuro. Hoy es necesaria la acción. Pero para ofrecer alternativas es menester girar el enfoque. Ir más allá de la crítica.

La historia ha demostrado que las decisiones de unos cuantos con poder y dinero dictan las prioridades de un gobierno y determinan la vida y las oportunidades del resto. Es el caso de México. La solución ante esto es la participación de la gente para buscar un cambio en su gobierno o echarlo si no funciona. ¡Una revolución pues!

Peculiaridad de nuestra época es que “la revolución” puede darse de nuevas maneras. Las redes sociales y el internet aportaron un elemento democratizador que los gobiernos y el poder apenas entienden y no saben manejar. El poder digital de la comunicación horizontal, policéntrica, ciudadana, que permite a los ciudadanos leernos, vernos y escucharnos.

La primavera árabe, Occupy Wall Street, lxs Indignadxs, #YoSoy132…decenas de eventos disruptivos macrosociales de alcance e inspiración global facilitada por las tecnologías de la información y la comunicación, las nuevas armas del arsenal ciudadano, el caballo de Troya aún indomado en la transición global a una nueva época en construcción.

Pero el efecto democratizador de las redes sociales tiene un aspecto negativo. La mayoría de los ciudadanos sólo consumimos información de modo pasivo. Abundan los revolucionarios de Facebook que, en vez de multiplicar la conciencia ciudadana, sólo se quejan, dan likes o postean mensajes insultantes. Y tampoco una manifestación, un plantón o un movimiento, basta.

Y no bastan porque la clase política sabe que no hay nota que aguante más de una semana y piensa que pedir disculpas la reivindica. Lxs mexicanxs hemos callado ante las disculpas y las justificaciones de cada acto de corrupción, y aunque no las admitamos, no hacemos nada definitivo. En el fondo aceptamos el gobierno que tenemos. La crisis y decadencia en la esfera del poder también las vive la sociedad.

La falta de liderazgo del Presidente y su gabinete trae como consecuencia una ausencia de diálogo entre gobierno y sociedad. No existe un puente de comunicación constructivo o confiable. Ante ello, necesitamos ser ciudadanxs que reaccionen a la afrenta de la clase política, repudiar al monstruo de la corrupción, asumir que cuando desaparece un joven en cualquier rincón del país, todxs estamos expuestxs.

El problema estriba en no saber qué hacer y, por lo mismo, en no hacer nada. Toda crisis es una oportunidad. Ahí están las redes sociales, pero también la calle, el aula, el trabajo, la sobremesa familiar para discutir y proponer. La inconformidad debe llevarnos a la crítica, sí, pero también a la acción y al cambio concreto. ¿Por qué no empezar por proponer un sistema de juicio político o revocación de mandato, para ir más allá de la victimización y entrar en acción?

México se convierte en el país donde no pasa nada. Estoy dispuesta a buscar un cambio, a dar un primer paso a la acción, necesitamos levantarnos, sacudirnos y andar: ¿tú estás dispuestx?

La autora es investigadora de la Universidad de Harvard, dirigente del PT y directora del Movimiento Libre A.C.

One Comment

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  1. NOS FALTAN HUEVOS!, SOMOS DEJADOS AGACHADOS Y SUMISOS!, PERO EN ALGÚN TIEMPO QUE ESTEMOS MAS JODIDOS!, NOS ARREPENTIREMOS DE NO HABER HECHO NADA!

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